Imagen: Rosemary Ratcliff / FreeDigitalPhotos.net
Todo comenzó cuando aterrizamos en la avioneta. Eran unas vacaciones organizadas, “campo de verano”, lo llamaron en la agencia. Sol, playa, vela y flirteos nocturnos nos esperaraban al final del aeródromo. Debía haber advertido que aquello no iba bien cuando sólo una docena de turistas desembarcaban con nosotros del aparato.





