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Mostrando entradas con la etiqueta Teatro del Mundo. Mostrar todas las entradas
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20 noviembre, 2012

Teatro del Mundo XXII – Un libro sobre dinero-tiempo

En entradas anteriores hice algunos apuntes sobre el dinero-tiempo. Aquí les presento la reciente publicación de un librito formato e-book, que versa sobre el tema y que es continuación del ciclo sobre aspectos sociales, actuales y filosóficos que tienen que ver con los negocios, la economía y las finanzas, llamado de las pecuniarias.



Ricardo sale de vacaciones unos días. En un pueblito de pastores hará una serie de inesperados descubrimientos sobre el lugar, sus gentes, sobre las finanzas y sobre sí mismo. A medio camino entre la narración y el ensayo filosófico, el libro aborda los fundamentos de la financiación, trazando meridianamente la distinción entre aquello que se conoce por inversión y lo que es simple especulación.






Podéis encontrar El arte de vivir del dinero ajeno en distintos portales: Smashwords, Kobo, Diesel, Barnes&Noble, iTunes y Amazon Kindle entre otros.

A los que habéis acudido a esta entrada del blog, os comunico que podéis disfrutar de él gratuitamente, si lo descargáis antes de finales de enero en alguno de los portales indicados. Me gustaría mucho conocer vuestra opinión. Si lo valoráis en dichas webs, ¡mejor que mejor!

30 septiembre, 2012

Teatro del Mundo XXI – La TV sí es cultura

 Imagen Cortesía de Salvatore Vuono

A menudo se carga contra este medio tan denostado, llamándola ‘caja tonta’, ‘TV basura’, etcétera. Pero yo niego la mayor. Podría escribir un libro con las cosas que he aprendido a través de este apasionante medio.

Por poner un ejemplo, sobre culturas. Es a través de un ojo observador que me he dado cuenta de que en los Estados Unidos no aclaran los platos al lavarlos a mano, pasan del enjuagado directamente a secarlos con un paño. ¿No les quedan acaso restos de jabón? ¿No pueden dejarlos secar al aire, sino que uno por uno, deben pasarlos por el frotado de un trapo? Es algo fascinante. O también el hecho de observar cómo en Japón está tan extendida y consensuada la idea que la ingesta de boniatos o batatas provoca molestos y bochornosos gases… ¿Será algo propio de su fisiología? Yo (creo) nunca me he tirado un pedo por esta causa. En fin, como decía, peculiaridades del mundo que me parecen muy interesantes.

Quizás ustedes las crean nimiedades, pero ya saben lo que se dice, el diablo está en los detalles.

26 enero, 2012

Teatro del Mundo XX – Alabanza a la Mediocridad

Alabada sea la mediocridad. Alabada sea, puesto que sin ella no habría excelencia.

Todos aquellos que reniegan de lo mediocre, que desearían erradicarlo, ¿no se dan cuenta que existirá por siempre? Como dice Arnold Benett, puesto que sólo sobresalen aquellas cosas que se distancian de la mayoría, un mundo de completa excelencia sería también un mundo de completa medianía, de completa mediocridad.

Imagen: Ambro / FreeDigitalPhotos.net

A veces nos repugna reconocer el talento mediocre, los resultados mediocres o las obras mediocres, pero debemos advertir que su calificativo es meritorio en cuanto a que conocemos talentos mejores, resultados mejores y obras mejores. Si no fuera así, ni unos serían tan buenos ni los otros tan malos. Unos dan sentido a otros. Y al fin y al cabo, sólo es cuestión de número.

La mediocridad nos favorece en cuanto a que nos impulsa a sobresalir, con la cabeza y la boca, para respirar aire de perfección, mientras el resto de nuestro cuerpo permanece sumergido con el resto de nuestras medianas aptitudes. Alabada sea la mediocridad, o si no, ¿qué futuro nos quedaría a los demás, a los falibles?

07 septiembre, 2011

Teatro del Mundo XIX – Sueños Oscuros


Imagen: Exsodus

He hablado de los sueños en algún momento. No me queda mucho más que decir sobre ellos, la verdad. Excepto, quizás sobre las pesadillas. En mi joven imaginación efervescente, las pesadillas tomaron las formas más curiosas e inquietantes que puedan pensar.

Recuerdo una pesadilla recurrente, que solía ser el preludio de otras más aterradoras. En ella, una mancha oscura, un nubarrón hecho de negrura se desplegabaa ante mí relleno de atemorizantes peligros. Era como un viejo dios de Cthulu sin forma ni color. A partir de ese instante yo sufría los momentos más pavorosos del sueño.

En otras, había una habitación de tres camas hechas en las que, llegada la hora adecuada, las sábanas se enrollaban sobre sí mismas y enroscadas empezaban a encaramarse por el aire, como un torbellino ascendente formado de columnas de ropa arrugada, justo antes que bajo ellas aparecieran tres viejas y misteriosas mujeres. Tres brujas, las hécates.

También sufrí una vez con unos extraños pólipos negros y verdes que se extendían a lo largo de mi pierna como un liquen, y soñé también con ladrillos vivos que respiraban, cuyos suspiros podía oír si acercaba lo suficiente el oído al muro del que formaban parte.

Sueños de oscuridad, pesadillas con tantas formas como mis propios miedos de niño. Ahora todo se limita a aparecer en medio de una audiencia sin pantalones ni ropa interior.

13 agosto, 2011

Teatro del Mundo XVIII – Todas mis Máquinas

Imagen: Digitalart
En ocasiones me gusta imaginar ingenios, pero no acostumbro a hacer nada al respecto. No voy a patentarlos, eso es seguro, en parte porque no son patentables y porque el coste de intentarlo tampoco es despreciable así que, ¿para qué molestarse si no tengo previsto explotarlos con fines económicos? Quizás a alguno de ustedes le inspira para hacer de ello algo de provecho… Aunque yo considero el dicho de que “si fuera fácil, ya estaría hecho”.

Por ejemplo, ¿Se imaginan un sólido capaz de cambiar de forma y adquirir la rigidez de un metal sin apenas gasto energético? ¿Se han fijado ustedes en la cantidad de perfiles diferentes que existen para los aeroplanos y el fuselaje de los navíos? La dinámica de fluídos provoca que bajo ciertas condiciones de velocidad, oleaje, turbulencia, carga, etcétera, unos sean óptimos por encima de los demás. Imaginen pues naves que pudieran alterar su diseño estructural en función de las circunstancias, o a medida que éstas cambian, como cuando se repliegan los flaps de una aeronave. ¿Les parece improbable? Bueno, veamos qué nos depara el futuro de la nanotecnología.

02 julio, 2011

Teatro del Mundo XVII – De moda




De las muchas cosas que poco me importan, está la moda. O al menos creo que no tiene la relevancia que le corresponde por la atención y dinero que se le dedican.
Es por ello, que me abstengo de criticar o juzgar los hábitos en el vestir de cualquiera, así que espero de los demás que hagan lo propio conmigo. No tengo unas reglas de elegancia decididas, y debería tenerlas, porque al fin y al cabo vivimos en sociedad y la apariencia importa, nos guste o no.

Con pocas salvedades. Una de ellas, son las camisas de manga corta (camisas, no camisetas). Las destesto. Considero, no ya que no sean elegantes, sino que parecen prendas torpemente inacabadas. Una camisa con las mangas cortadas, para mi es como una corbata partida por la mitad. ¿Hace calor? Pues te arremangas la camisa normal, y ya está. No veo cómo pueden usarse para parecer formal.

Francamente, creo que la camisa de manga corta más que una prenda es un despropósito. Excepto un caso: La camisa hawaiana, eso es una prenda diferente, justificada en sí misma por su propia categoría.

28 marzo, 2011

Teatro del Mundo XIX – Sueños sensibles

Dentro del repertorio de sueños que tengo y que son parte importante de mi vida, puesto que forman parte de más de un tercio de ella, están los que yo llamo sueños sensibles. Tengo muy pocos de ellos, afortunadamente. ¿Por qué los llamo así?

No tenía otro modo de clasificarlos. En ellos, sea cual sea la temática, experimento una fuerte emoción, vívida, ya sea de odio, miedo, pena, cariño, celos, etcétera. La cuestión es que la intensidad durante el sueño de estas sensaciones es innegable, hiperreal. Sería como comparar lo que los sueños conscientes son al raciocinio, a lo que los sueños sensibles son respecto a la emoción.

Tal es así, que tras una noche dominada por un sueño tal, al despertar sigo embargado por esa emoción durante horas, o incluso todo el día siguiente. Y así ocurre aunque a todas luces no haya razón alguna para ello, como por ejemplo un sueño en que yo experimento la gran pena por la pérdida de un ser querido, y esa pena me dura horas, a pesar que el pariente en cuestión siga vivito y coleando por la mañana.

El contenido de estos sueños suelo olvidarlo, como la mayoría de los demás, pero no la emoción vivida. Hay uno en particular que sí recuerdo, y verán por qué. Hace algunos años soñé que moría. Más concretamente me pegaban un balazo.

No experimenté miedo, si es lo que se figuran. Pero la sensación fue profunda, intensa, rara. Recuerdo una mezcla de perentoriedad, angustia e irremediable impotencia. Todo ese torrente fue casi instantáneo, en lo que me pareció menos de un segundo, mientras recibía la bala y caía al suelo, y mi único pensamiento verbalizable era: «Muero.»

Imagen: Boaz Yiftach / FreeDigitalPhotos.net

Al momento despertaba. Pueden imaginar con qué cuerpo. Yo ya sé qué hay después de la muerte, al menos después de la muerte en un sueño.

07 marzo, 2011

Teatro del Mundo XV – Establecimientos malditos

Tengo una cierta edad y eso, a parte de sentirme más avergonzado por ser igual de tonto, me ha llevado a apreciar un fernómeno: el de los establecimientos malditos. Enseguida sabrán a qué me refiero, porque sin duda ustedes también conocen alguno.

Si frecuentan las mismas calles de un barrio, pueblo o ciudad, estarán acostumbrados a ver durante mucho tiempo, unos mismos negocios que perduran y que ya forman parte del paisaje urbano. Tiendas o establecimientos que recuerdan desde siempre. Otros en cambio, están en perpetuo cambio.

  Imagen: Chris Sharp / FreeDigitalPhotos.net

10 enero, 2011

Teatro del Mundo XIV – Delirio Hopperiano

El calor me aplasta, es sofocante. Orugas, oruguitas, ¿qué es esto? La cabeza me da vueltas. Estoy en un árido terraplén. Él ya ha despegado y es libre, pero yo sigo aquí.

  Imagen: Rosemary Ratcliff / FreeDigitalPhotos.net

Todo comenzó cuando aterrizamos en la avioneta. Eran unas vacaciones organizadas, “campo de verano”, lo llamaron en la agencia. Sol, playa, vela y flirteos nocturnos nos esperaraban al final del aeródromo. Debía haber advertido que aquello no iba bien cuando sólo una docena de turistas desembarcaban con nosotros del aparato.

13 diciembre, 2010

Teatro del Mundo XIII – Manual del Tebeo antiguo

No voy a hablar de cómo hacer un buen tebeo. Voy a hablar de cómo leer bien un tebeo. Podría pasarme días hablando del tema, pero para aquellos que piensen «¿Es que hay diferencia alguna con leer un libro?» Comenzaré indicando lo obvio. Un tebeo NO es un libro.
     
 Imagen: Salvatore Vuono / FreeDigitalPhotos.net

Tampoco voy a entrar en las grandes diferencias de código, de lenguaje, de ritmo o incluso temáticas, entre un libro y un tebeo. Pero vale la pena comentar que un libro, aunque esté amarillo, pelado y desgastado, su disfrute y su lectura (excepto para los coleccionistas) no quedan afectados mientras las letras sean legibles. No ocurre así con el tebeo. En el tebeo hay ilustraciones e imágenes, y en ellas el soporte es tan importante como el contenido. Por eso, si ve alguien manoseando un tebeo, piense que le está causando una importante pérdida de prestaciones. No es que haya que tratarlos con pinzas, pero sí tener un mínimo de cuidado.

22 noviembre, 2010

Teatro del Mundo XII – Grados de aproximación

La gente se extraña mucho cuando les digo que no me gusta viajar, que nunca me gustó demasiado. Supongo que lo que viajar me ofrece no compensa la lista de incomodidades que supone irse a un lugar lejano. Especialmente para alguien con mala orientación, poco sentido de la aventura, con pies planos y que detesta caminar.

Cuando yo pregunto por el contrario a la gente, por qué les gusta viajar, suelen decir «oh, es muy bonito ver nuevas culturas y formas de vivir». Con lo que el acto de viajar queda expuesto como un modo de enriquecerse personalmente. Es entonces cuando los provincianos comodones como yo debemos defendernos. Para hacerlo he desarrollado mi propia teoría, que me permite contrarestar ese agravio. Es una teoría que demuestra que, a mi modo, yo también soy un viajero.

   
Imagen: Simon Howden / FreeDigitalPhotos.net

03 noviembre, 2010

Teatro del Mundo XI – La crudeza del aire

En numerosos tratadillos de alquimia de los siglos XVI y XVII existe una florida descripción de la obra de la Naturaleza para la generación de los metales. Es una dulce lectura muy inspiradora y trufada de imágenes poéticas y devotas. Una lectura que yo recomiendo a los que estén interesados en la literatura menos académica de la época, pero igual de espiritual y profunda.

 

Hablan esos tratadillos, de cómo la naturaleza cuece en su útero interno, en las cavernosas profundidades de la tierra, aquella substancia primigenia, aquel mineral sin forma del que nacen todos los metales. Desde esa honda oscuridad los minerales van poco a poco emergiendo, mecidos por la sabia mano de la madre, que les da el punto de temperatura, humedad, cocción, y presión para que evolucionen en su escala de perfección. Porque todos los metales, en su creación, tienen la capacidad de ser perfectos, es decir, de convertirse en oro.

24 septiembre, 2010

Teatro del Mundo X – La máquina del tiempo

A medida que me hago mayor, noto que los días pasan sin apenas darme cuenta. Si tengo que escuchar a los que son mayores que yo, ese efecto va cada vez a peor. Con lo que me encuentro en una dolorosa situación y es que, no sólo me pasan los días, semanas, meses, como si fueran un rápido sueño, sino que lo hacen cada vez a mayor velocidad. Me veo ya en estado de senil prostración en tan sólo un par de parpadeos.

 
Imagen: Salvatore Vuono / FreeDigitalPhotos.net
 
He estado documentándome y reflexionando sobre el fenómeno, para intentar ponerle remedio. Pero no he encontrado aún explicación satisfactoria. Estoy barajando algunas hipótesis, a saber:
  • La percepción del paso del tiempo se acelera a medida que frenamos nuestro aprendizaje: todas esas eternidades de espera cuando eres un crío (minutos en realidad) sólo lo parecen porque nuestras cabecitas de infante están ávidas de estímulos a cada momento
  • La falta de una actitud zen, nos provoca alienación, vivir un momento presente robado por nuestros quebraderos de cabeza, falta de atención y mente indisciplinada que vagabundea de aquí para allá, sobre veinte temas a la vez
  • Nuestras vidas se vuelven más y más rutinarias, haciendo siempre lo mismo, de la misma manera, sin capacidad de sorpresa ni anticipación
En cualquier caso no dudo que este problema, por llamarlo así, se halla sólo en nuestra cabeza, y que sólo nosotros tenemos la llave si no para detener, sí para frenar esta máquina que devora aceleradamente los momentos de nuestras breves vidas. Yo todavía no he encontrado esa llave. ¿La tienen ustedes?

20 septiembre, 2010

Teatro del Mundo IX – El perro descabezado

Cuando la tecnología nos sorprende, algo se sacude en nuestro interior. No hablo de una sorpresa intelectual, al fin y al cabo, la especulación científica y la ciencia ficción nos permiten imaginar futuros posibles, sino de algo más primario, más animal. Es como si en nuestra mente hubiera ciertos atavismos que van allá de nuestra cultura presente.

Esto es lo que me ocurrió a mí con el perro descabezado.

Hace algún tiempo quedé verdaderamente admirado al ver un video del producto de una empresa estadounidense llamada Boston Dynamics (http://www.bostondynamics.com/). Expertos en robótica y biomecánica que están creando prototipos de robots que pueden desplazarse por distintos terrenos con cargas útiles. Olvídense del humanoide que saluda con la mano, o incluso del que toca el violín. El efecto fue pasmoso, ante mí, tenía un perro sin cabeza, con unos angustiosos movimientos orgánicos (más angustiosos aún, si añadimos el audio del las imágenes). Sin poder evitarlo, dudaba de si se trataba de un engaño, de alguna composición de imágenes, y buscaba la cabeza del pobre animal por todas partes.

Es curioso cuando un movimiento tan orgánico, cuando no va asociado al ser vivo que estamos acostumbrados, nos crea esa paradoja interior. Francamente, no sé porqué algo así no ha tenido mucha más resonancia dado que sin duda afectará en algo nuestro inconsciente colectivo. Aquí les dejo el video para que lo disfruten, por si sienten la misma sorpresa.





También les dejo un video humorístico, con el que estuve riendo un buen rato. No les cuento más, descúbranlo ustedes. Baste con decir que el humor nos ayuda a asimilar culturalmente los choques conceptuales que nuestra sociedad encuentra, prueba de lo que venía afirmando antes del perro descabezado.


15 septiembre, 2010

Teatro del Mundo VIII – Somatizando estrés de forma original

A lo largo de los años he hecho (creo) interesantes descubrimientos sobre mí mismo. Esto, a base de auscultarme con atención, psíquica y fisiológicamente. Y aunque tal práctica me llevó a algún desagradable episodio de hipocondrismo en mi tierna edad, en general ha probado ser de cierta utilidad. Al fin y al cabo, ningún médico pasa tanto tiempo conmigo como yo mismo, así que, si bien me faltan conocimientos para poner remedio a mis males, al menos soy un buen conocedor de mis síntomas.

Dicen que uno de los mayores males del siglo pasado (y del presente, por extensión) es el del estrés. No sé quién, quizás ustedes puedan recordármelo, afirmaba que una persona está hoy en día sometida diariamente al mismo estrés que una persona en la edad media tenía en todo un año, ¿o eran diez años? No estoy muy seguro de tal afirmación. Supongo que esperar ser asaltado por los lobos en medio de un bosque a oscuras, o recibir una incursión de invasores extranjeros no debía de ser nada desdeñable. Pero bueno, poco me importan para el caso los quebraderos de cabeza de los campesinos del medievo. Yo he sufrido, sufro de vez en cuando, estrés. Supongo que ustedes también.

Imagen: Stefano Valle / FreeDigitalPhotos.net

10 septiembre, 2010

Teatro del Mundo VII – Otro Metapost

¿Cómo funciona esto de los post? ¿Los que son actualizados más a menudo están en mejor posición? ¿Son los que consiguen más seguidores? ¿Seguidores para qué? Ah, sí, es cierto, el negocio de la publicidad.

Ciertamente hay muchos tipos de blogs y éste, en concreto, se parece un poco a una columna de opinión de algún periódico, pero con la diferencia que no me pagan por escribir en él, ni estoy obligado a hacer entradas con una periodicidad determinada, aunque intento hacerlas con regularidad. Todo esto lo digo no sin cierto resquemor, porque mi opinión de los opiniólogos no es muy buena, en general. Seamos sinceros, todos tenemos nuestra opinión sobre algo, aunque no sería necesario. De qué nos sirve la de un ilustre personaje, ya sea escritor, político, cineasta o personaje mediático. ¿Que uno sea buen escritor lo autoriza a hablar bien de todo? No lo sé, pero sospecho que cuando uno está obligado a escribir tantas palabras sobre algo, con tanta asiduidad, o una de dos, o su fondo documental e inspiración son inagotables, o la calidad e interés de lo que dice se va diluyendo.

Mucho me temo que a este blog le va a ocurrir lo mismo, (si es que ese interés inicial ha existido en algún momento).

03 septiembre, 2010

Teatro del Mundo VI – Coreografías y sensibilidad

Cascanueces, El Lago de los Cisnes, o danza contemporánea. No los soporto. Jamás pude aguantar más de tres minutos viéndolo por televisión, no hace falta que les diga que nunca he ido a ver un ballet. Bueno, miento, fui a ver Sara Baras y me gustó. Pero esa fue la excepción; ¿Puedo seguir, o ya perdí toda mi credibilidad?

Y qué tiene de destacable esta preferencia (o falta de ella, dado el caso) pensarán; pues la verdad es que ser consciente de mi falta de gusto por la danza en general, provocó que dudara de mi sensibilidad para las artes. Siempre me gustó la música, el dibujo y la pintura, el teatro, la literatura, la escultura y la arquitectura, también la fotografía, el cómic y el cine puestos a enunciar las bellas viejas y nuevas artes. No quiero decir que me guste todo, pero sí que podía ver en ellas obras que me interesaban y me agradaban más que otras. Entonces, ¿por qué no ocurría así con la danza?

16 agosto, 2010

Teatro del Mundo V – El Voyeur del Gusto

Suena un poco a pervertido, lo sé. Y no sé hasta qué punto así será. La verdad es que descubrí con el tiempo, que yo disfrutaba contemplando a otros disfrutar. Y no piensen en los deleites del juego carnal, no hablo de sexo, como se entiende en el clásico voyeurismo. Si quieren, ya pueden saltar a otra página o a otro tema.

Verán, yo jamás he sido persona de grandes pasiones ni aficiones. Disfruto las cosas con moderación, y aunque me gusta casi todo, no puedo decir que me vuelva loco por ningún alimento, bebida, distracción, tema, actividad, color, o día del año. Supongo que eso no es ni bueno ni malo, pero algunas veces me hubiera gustado encontrar alguna afición o deporte que hubiera concentrado todo mi esfuerzo e ilusión. Como aquellos coleccionistas compulsivos, cinéfilos, fabricantes de maquetas, corredores de maratones o futboleros que pueden hacer de su pasión casi una razón de vivir. Bueno, quizás exagero un poco, pero me entienden, ¿verdad?

La cuestión es que quizás esta ausencia en los placeres extremos, me ha llevado a fijarme en el gusto que los demás encuentran estas cosas. Así es, cuando un compañero saborea un buen whisky escocés, o sorbe con placer un cigarrillo, o come con fruición un buen bocadillo de jamón, cuando una amiga se complace en ponerse aquellas elegantes prendas de ropa que más le alegran, cuando unos padres babean con las naderías de su bebé, cuando acompaño algún amigo en su deporte o afición favorita, yo miro, y disfruto.


 
No me pregunten porqué, tampoco me apetece psicoanalizarme, pero así es. Y a fin de cuentas, mejor eso, que ser de aquellas personas que para sentirse bien tienen que amargar el día a todo el personal de su alrededor. Será empatía, no lo sé, pero cuanto más disfruten ustedes, más disfruto yo.

02 agosto, 2010

Teatro del Mundo IV – La Teletienda

Alguien debe de haber dicho: “La televisión define cómo es la sociedad” Y si no lo ha dicho, debería hacerlo. Creo que se puede aprender más de cómo somos mirando una semana entera la parrilla televisiva, que leyendo un ensayo sobre sociedad o un estadística de hábitos de comportamiento. Y además admitámoslo, es más entretenido, casi siempre.

Hace unos años, con la venida de las cadenas privadas, descubrí el fabuloso mundo de las teletiendas. La bomba de vacío, el cuchillo de filo eterno, el exprimidor-coctelera, el cebo artificial de chillones colores, el rodillo de pintar, el rotulador quita-arañazos, las plantillas crece-patas y tantos y tantos otros productos estrella revolucionarios.

Los productos así tienen su gracia, especialmente por saber que no puedes salir a una tienda y adquirirlos (a no ser que sea su versión no-original), pero la forma de presentarlos, eso sí que merece elogio. Ah, el espectáculo. Es sencillamente sublime.

14 julio, 2010

Teatro del Mundo III – Miradas

Me gusta mirar.  Mirar a la gente. Miro con afán y sin pudor a los que me rodean, a los que me cruzo en la calle, a los que se sientan en la mesa de al lado en el restaurante, me fijo en los que comparten una sala de espera, o un vagón conmigo. Supongo que eso me convierte en un Voyeur (mirón). Pero a base de mirar, de fijarme, he hecho algunos pequeños descubrimientos:

Imagen: Filomena Scalise / FreeDigitalPhotos.net

 
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Fototrampas por Iván Cosos J.N.S.P.S. está registrado bajo una Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.