A medida que me hago mayor, noto que los días pasan sin apenas darme cuenta. Si tengo que escuchar a los que son mayores que yo, ese efecto va cada vez a peor. Con lo que me encuentro en una dolorosa situación y es que, no sólo me pasan los días, semanas, meses, como si fueran un rápido sueño, sino que lo hacen cada vez a mayor velocidad. Me veo ya en estado de senil prostración en tan sólo un par de parpadeos.
He estado documentándome y reflexionando sobre el fenómeno, para intentar ponerle remedio. Pero no he encontrado aún explicación satisfactoria. Estoy barajando algunas hipótesis, a saber:
- La percepción del paso del tiempo se acelera a medida que frenamos nuestro aprendizaje: todas esas eternidades de espera cuando eres un crío (minutos en realidad) sólo lo parecen porque nuestras cabecitas de infante están ávidas de estímulos a cada momento
- La falta de una actitud zen, nos provoca alienación, vivir un momento presente robado por nuestros quebraderos de cabeza, falta de atención y mente indisciplinada que vagabundea de aquí para allá, sobre veinte temas a la vez
- Nuestras vidas se vuelven más y más rutinarias, haciendo siempre lo mismo, de la misma manera, sin capacidad de sorpresa ni anticipación
En cualquier caso no dudo que este problema, por llamarlo así, se halla sólo en nuestra cabeza, y que sólo nosotros tenemos la llave si no para detener, sí para frenar esta máquina que devora aceleradamente los momentos de nuestras breves vidas. Yo todavía no he encontrado esa llave. ¿La tienen ustedes?